lunes, 17 de agosto de 2015

El Rey Trasgo. Títeres de sangre, de Alberto Morán Roa

El primer día de su aprendizaje había sido suplicio y frustración, persistentes chispas de entusiasmos que jamás prendían, cada vez más cansados; dudas sin fundamento que la desanimaban. El conocimiento era un venado esquivo.


Portada del libro "Títeres de Sangre", de Alberto Morán Roa

Editorial: Kelonia

Fecha de publicación: 2013

Páginas: 472

Precio: 17,95€ paperbook / 3,95€ ebook

ISBN: 978-84-941043-8-1


SINOPSIS
Tras la debacle con la caída de la Ciudadela y el caos inicial, cada reino se recompone del impacto a su manera. Unos intentan sacar provecho de la desgracia de Kara, otros lo ven como un problema menos y se dedican a sus viejas rencillas.
El Rey Trasgo, no tarda en comprobar que la paz que desea no termina de llegar, y pronto se pondrá manos a la obra para conseguirlo en unas acciones que traerán muchas consecuencias para todos.


AUTOR
Alberto Morán Roa es un joven autor español, miembro y colaborador de la Federación Española de Fantasía Épica. Ha colaborado como articulista en diversos medios y ha trabajado como traductor para Dolmen y La Factoría de Ideas. Debutó como novelista en 2012 con El Rey Trasgo: la ciudadela y la montaña, a la que siguió en 2013 El Rey Trasgo: títeres de sangre.


TRAS LA LECTURA
Acabo de terminar Títeres de Sangre y tengo la cabeza llena de fantasía. Sigo allí, en Corcia, el Reino Velado, Esidia... y sigo con ellos, con los personajes que transitan estas tierras. Me resisto a volver a mi realidad.

Ahora mismo siento admiración hacia el autor. Porque se carga de un plumazo las dudas iniciales que cualquiera pueda tener con la continuación de una saga que empezaba muy bien. Era natural preguntarse, ¿logrará mantener el nivel? Y la respuesta es que no, no lo mantiene. Lo supera, y con creces.

Si el primer libro está centrado en la Ciudadela y nos desgrana algo de los reinos y las relaciones entre ellos, en la segunda parte nos metemos de lleno en ese mundo. Y es un mundo "real", está vivo. Se nota en sus cambios, el comportamiento de sus habitantes y en su extensa diversidad, que no son más que un gran y buen trabajo por parte de Alberto Morán.

La estructura en que se cuenta la historia va a pinceladas. Cada capítulo coge unos personajes diferentes y nos cuenta un poco de lo que sucede en cada sitio, va tejiendo las tramas por separado de forma que quizás pueda descentrar al principio, pero que enseguida vemos que se cambia linealidad por riqueza y, como lectores, nos sentimos muy bien en el personaje de espía, que va descubriendo un poco de cada lugar para hacernos una idea del mundo tan amplio que se nos describe.

La sensación de realidad a pesar de la fantasía también se da en que no tenemos unos personajes protagonistas que sepamos que van a salir siempre bien de cualquier situación. De hecho los que parecen vencedores pueden cambiar a derrotados y viceversa en un pase de manos magistral que no habíamos visto venir. Los personajes están vivos porque pueden morir, y eso, que lo percibimos al leer, hace que sintamos miedo o alegría por ellos. Aparte de su fragilidad y de la importancia relativa del ser humano a pesar de la gran consideración que se suele tener a sí mismo, también se hace palpable su naturaleza en las peores situaciones, tanto la cara buena como la cara mala. Leemos sobre actos horribles y nos preguntamos si no hubiésemos hecho lo mismo. Hay compañerismo, empatía y sacrificio por el amigo, pero también traición, desesperación, miedo y personas rotas por el dolor que han vivido.

La gran trama principal, quién es el Rey Trasgo y qué pasa con él, se va desgranando poco a poco, aunque tendremos que esperar más para saber los siguientes detalles. Ingredientes hay para una buena tercera parte, según se intuye por el final de esta segunda.

Si recomendé la primera parte en su momento, ahora la recomiendo más si cabe, teniendo en cuenta que la continuación ha sido capaz de superarse a sí misma. Esta saga tiene buena pinta de convertirse en una de las grandes de fantasía que he leído.

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